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martes, 26 de noviembre de 2013

Por la libertad de expresión en Panamá y el periodismo independiente...

He sido nominado para el Premio a la Excelencia Periodística 2013 por los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, en la categoría Periodista Egresado. 
El solo hecho de que hayan elegido mi nombre en las votaciones previas para esta premiación es ya un reconocimiento para mí y un orgullo porque, a diferencia de quienes salen en televisión o tienen voz en radio, cuando trabajas o escribes en periódico siempre tiene uno la sensación de que la audiencia no sabe ni quien eres, por lo que es más duro que se conozca tu nombre y se recuerde tu trabajo o escritos; esto me refuerza el principio de que el periodismo serio y responsable (así nadie conozca tu rostro) tiene su recompensa y reconocimiento en el público. ¡Gracias!
El evento se realizará hoy miércoles a las 7:00 p.m., en el Teatro Anita Villalaz, Casco Antiguo de Panamá; pero lo más importante es que se premia la trayectoria y aportes de los profesionales del periodismo en momentos en que se ve vulnerada, en plena democracia, la libertad de expresión. Y, curiosamente, mientras escribo esta nota, me consulta el amigo y experimentado colega Daniel Alonso - conductor de Lo Mejor del Boxeo y conocedor de los sinsabores de la dictadura norieguista - sobre ¿Cómo evalúo la libertad de expresión en Panamá? Esto para un trabajo de estudios universitarios que realiza.

LES COMPARTO MI RESPUESTA: 

La libertad de expresión, espíritu de las democracias, veo que en Panamá, en este momento, está amurallada por los intereses del gobierno. Es decir, si algún grupo se manifiesta en contra de algo, así sea pacíficamente con cierre parcial de calle o en las aceras, las autoridades envían antimotines (sinónimo de confrontación y disturbios sin que necesariamente se esté dando este tipo de situación). 
Por otro lado, en el caso de los medios de comunicación, sabemos que la libertad de expresión no existe ni en lo interno (de lo contrario los periodistas tendrían luz verde para publicar verdades así toquen los intereses de los dueños) y que es usualmente confundida por los dueños de medios (a propósito o no) con la libre prensa, que en todo caso debe regirse por la noticia seria, responsable, sin interés particular o amistoso, y siempre ampliarse en la investigación profunda antes de hacer denuncias. 
Claro que en el lado del gobierno también hay villanía en este ajedrez, a bien de lograr el control de los medios o mutilar a los que hagan periodismo profesional. Si tuviese que evaluar de 1 a 5, daría nota de 2.
Esto me lleva a pensar que la verdadera democracia dependerá del periodismo independiente y hoy en día, gracias a la tecnología, del periodismo digital, pues escribir en este blogs es propio de la independencia periodística que nunca morirá.

Les comparto también el enlace de la invitación a la premiación con los comentarios estimados/as colegas panameños y del extranjero, lo cual me inspira a seguir adelante  ahora que he dejado la cadena del salario para ensayar proyectos y periodismo más independiente . Premios Excelencia 2013 



lunes, 7 de octubre de 2013

¿Por qué el narcotráfico no tiene fin y solo es un gasto millonario?

En 2010, Panamá y los vecinos de Centroamérica gastaron en seguridad pública casi 4 mil millones de dólares. Cada año sigue el gasto. Pero la delincuencia y el narcotráfico siguen imparables en todas partes. Las noticias que se dan a conocer sobre hechos de asesinatos en manos de sicarios e incautaciones tras operaciones antidrogas dentro y fuera del país no pasan de eso, del hecho, pero poco o nada se analiza y profundiza en los medios de comunicación panameños sobre las causas del narcotráfico en América.
Al mismo tiempo que los gobiernos de Panamá y la región gastan millones en tratar de detener las operaciones del narcotráfico y la delincuencia, no se preocupan por emprender planes para corregir realmente las graves deficiencias de la educación pública y a su vez garantizar empleos dignos para esa población que logra sus metas profesionales, encontrándose éstos con empleos mal pagados e indignos que ante las necesidades se ven obligados a tomar o dejar. Es en esa insastifacción que el narcotráfico está encontrando cada día más empleados dispuestos a defender lo que se les ofrece.
Por eso quiero compartirles este breve artículo realizado para mi otro blogs de trabajo investigativo: Supermillonaria lucha antidrogas es estéril. 

Saludos, desde Panamá para todo el Mundo: Rusia, Indonesia, España, Francia, Reino Unido, Perú, Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, Centroamérica, Estados Unidos, Australia, China, Japón, India, Serbia y los países africanos. 

Twitter: @laggon19

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Balboa: Un asesino según jóvenes panameños

Si Pedrarias Dávila no hubiera decapitado a Vasco Núñez de Balboa, éste hubiera terminado decapitándolo a él. 
Era una la lucha por el poder territorial y político, la primera en el Istmo (antigua Darién, Panamá) y América durante la "conquista" española (1513-1519). Algo que para nuestros días me lleva a pensar que nada ha cambiado entre políticos y gobernantes, inclusive en lo que respecta a sus acciones para con los pueblos sufridos.
Y pongo "conquista" entre comillas porque considero que es una palabra romántica, cuando en realidad los españoles no tenían nada de eso y mucho menos expresaban piropos. Es una palabra bien buscada por los escritores desde la conquista y sus sucesores, de generación en generación, incluso, de un segmento elitista nacional, para encubrir lo que en realidad fue una invasión; para los pueblos indígenas, fue el más grande genocidio.
Aunque nunca expreso mi opinión personal en cuanto a los temas que produzco y publico periodísticamente, en este caso hago una excepción. Celebrar en Panamá el "descubrimiento" del Mar del Sur (ahora Pacífico) por parte de los espeñoles, recientemente denominado a la fuerza como avistamiento, es admitir que fue buena la matanza de indígenas y el saqueo de las riquezas de estas tierras. He escuchado decir ahora que los "conquistadores" tuvieron que hacer lo que tenían que hacer, es decir, asesinar y saquear riquezas porque en aquellos tiempos era así y la naturaleza de los pueblos lo ameritaba. También, que los pueblos genuinos de estas tierras americanas se estaban matando unos con otro, un punto a todas luces discutible: ¿O entonces los civilizados vinieron a ayudarlos a extinguirse? Que se abrió la ruta de un mar a otro para el "comercio", nada de eso, los "conquistadores" lo que buscaban era el camino más corto para transportar el oro que quitaban a los indígenas y las riquezas de estas tierras.
Otros argumentan que por estos sucesos Panamá es hoy un punto central de tránsito que le da ventajas y ganancias económicas, desde lo que son los ingresos del Canal, fondos que se pregonan son distribuidos para el bien común, pero la mayoría de panameños ni lo siente, ni lo ve así porque cada día el costo de la vida va en aumento.
Celebrar, ya sea el gobierno nacional y algunos sectores, es también desconocer la bondad de la propia naturaleza que hizo geográficamente al Istmo de Panamá angosto, no los españoles, y que tarde o temprano se vería como un punto ventajoso para el tránsito mundial, sin necesidad de acabar con tantas vidas inocentes.
Por otro lado, y por fortuna, los jóvenes panameños se muestran más claros en cuanto a la identidad del panameño que algunos intelectuales que optan por decir que Balboa no fue ni héroe, ni villano, aunque se les nota que se inclinan a lo de "héroe". De hecho, delante de la cámara, hubo algunos respetados notables que se ofendieron y hasta se rehusaron contestar la pregunta BALBOA: ¿Héroe o Villano?
Les comparto hoy el especial que he producido para dar a conocer estos hechos, usando y aprovechando las ventajas de la era digital en favor de un periodismo más dinámico y para expandir el conocimiento de nuestra historia. 
EN TWITTER @laggon19
 Da un clic a la imágen y navega al pasado y presente


 

Jóvenes e intelectuales panameños 

evalúan la figura de Balboa: ¿Héroe o Villano?









Parte del especial en comics animado

jueves, 5 de septiembre de 2013

Vasco Núñez de Balboa, el mar del sur y sus polémicas



Pronto estaré publicando este especial que he producido, en cada centímetro, detalle y pieza, con motivo de lo que para algunos en Panamá sería los 500 años del avistamiento del mar del sur y para muchos otros simplemente nada, pues los primeros pobladores indígenas conocían el ahora llamado océano Pacífico desde tiempos ancestrales.

Este especial, el cual con grandes esfuerzos he logrado realizar, superando yo solo obstáculos técnicos y personales, pero a la vez aprendiendo muchas cosas nuevas de la era digital que envuelve el nuevo periodismo multimedia; es mi aporte nuevo a lo que podemos hacer los periodistas con tantas herramientas que ofrece el internet.

Incluye un crónica literaria (a modo de novela) que hice tras investigar un cúmulo de escritos y libros sobre esta historia de la conquista española, en la que encontré muchas contradicciones y situaciones amañadas o no aclaradas, producto de la política y lo que convenía divulgar en esa época (igual que ocurre con los gobierno de esta época).

La historia continúa con un capítulo en comics, algo que desde hace tiempo quería incursionar, para probarme qué tan buen dibujante soy; con secuencias animadas y un pequeño video anime, con un final que cae en otra vez en la literatura ilustrada.

Es un especial con videos especiales de entrevistas, debates, secuencias fotográficas y otras piezas especiales que espero puedan seguir.
 




viernes, 21 de junio de 2013

Santiago Gallardo: El renacer de la esperanza en Ailitupu

La vida del estudiante indígena ganador de la oratoria nacional 2011, en su isla natal, casi sumergida por el cambio climático y el olvido. La química que lo llevó al triunfo, los secretos y las anécdotas que no se vieron en la pantalla de TV


Textos y fotos: Luis A. González González
PANAMÁ, COMARCA GUNA YALA.  En la pequeña isla de Ailitupu algunas noches son de cine improvisado. Chucky endiablado perseguía con cuchillo en mano a una mujer gritona y sentados en la tierra, en banquitas o en alguna hamaca compartida entre tres, se agrupaban como suricatos las siluetas de cabellos espinosos de niños y adolescentes. Miraban atentos la escena de esa película vieja como si acabara de estrenarse.
La luz de la pantalla del televisor 12 pulgadas, conectado a un aparato DVD, revelaba apenas sus cuerpecitos en la oscuridad juiciosa, con uno que otro murmullo. Todos bajo las pencas secas de la choza del tío de Santiago Gallardo, el chico de 17 años de la comarca Guna Yala, ganador del Concurso Nacional de Oratoria 2011.
La choza es la más grandecita de la isla y la única umbilicada al largo cable del generador de electricidad que funciona con gasolina desde el patio trasero. 
Afuera pasaban el sereno algunas mujeres con bebés en brazos y ancianas conversando en dialecto. Era como de otro mundo el cielo majestuoso, lleno de constelaciones brillantes que no se ven en la capital panameña. 
Apenas bajé la mollera, en forma de reverencia, para pasar al cine, Santiago se paró de la hamaca para darme puesto. Lo reconocí varios segundos después por su voz. Le pedí que se quedara allí y me recosté a uno de los horcones a mirar un rato. Las fotos y cédulas viejas puestas en la pared hecha de varas flacas de caña blanca quedaron próximas a mis ojos: el “Facebook” del tío y su familia, o lo más parecido a ese modernismo debido a que no tienen ni agua potable. 
Por la tarde, Santiago había sido recibido simplemente como un héroe. Mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos y familiares lo esperaron por horas observando desde el muellecito de la isla su arribo. 
Unas tres horas y media, sin tranques y solo dos paradas en otros muelles, duró el trayecto en bote de motor fuera de borda desde la isla de Yandup-Narganá (Isla de los Saínos), en la comunidad de Sugdup, que es donde estudiaba el muchacho. Tenía que quedarse en casa de otros familiares durante el periodo escolar para poder estar en clases. Tras su triunfo nacional contaba los días para su graduación de bachiller en ciencias en el colegio Félix Esteban Oller. Solo esperaba eso, el diploma, para poder iniciar las gestiones e irse en 2012 a estudiar medicina en Cuba, becado por el concurso. Su sueño: ayudar a su pueblo ante tantas enfermedades. 
Pantalón corto, suéter, chancletas playeras. En el bote, la mayor parte del viaje la pasó arrinconado, sentado como un niño con salvavidas cubriéndose la cabeza con una sudadera gastada para evitar el salpicar del mar estrellado en la barcaza y también el baño de sol radiante. No habló nada. 
Horas antes, él, y su profesor Martín Samudio, habían recibido en Narganá a una comitiva de Cable & Wireless Panamá (CWP) para gestionar la adecuación y ampliación del laboratorio de informática del colegio, como parte de los premios al ganador. Se consideraron así los detalles para modernizar el salón a solicitud del plantel, cuyo nombre será el de Santiago Gallardo. El premio alcanza una inversión de 50 mil dolares otorgados por los organizadores: CWP, Caja de Ahorros y Meduca.  
EL HOMENAJE
Tan pronto el chico pisó Ailitupu empezaron los aplausos, sonaron las flautas sopladas por un grupito de muchachos, al igual que las maracas criqueadas por chicas vestidas con molas. Tras las tonadas ancestrales y danzas de brincos autóctonos, el sáhila Belisario Hernández, las maestras de primaria de la isla, familiares del orador ganador y gente de todas las edades, seguían alegres sus pasos. Así avanzaron por los caminitos de chocitas hasta llegar al patio de lo que intenta ser una cancha de baloncesto de tierra y arena. 
Fotos, recortes y páginas enteras de periódicos pegados junto al letrero: “Gran orador de Ailitupu, bienvenido”, hecho en papel manila y escrito con tizas de colores, daban sentido a la minitarima. En frente, una carpa para la mesa principal donde se sentó el sáhila, Santiago, su madre y sus cinco hermanos. Otras treinta sillas alineadas en filas de diez daban lugar a los chicos y chicas de los grupos de música, danzas, declamadores y de teatro que participaron del homenaje. El resto de la comunidad se acomodó en el suelo, en troncos o en las tuberías de agua sueltas a orillas de la isla.
Uno a uno, incluido el sáhila, hicieron sus presentaciones con orgullo. Y después que terminó el drama sobre lo que conlleva a los jóvenes caer en las pandillas, casi a oscuras, la cancha pasó a ser parque. Los hermanos y primos de Santiago colocaron en la tarima un televisor con DVD para ver el vídeo del Concurso de Oratoria. Las sillas, puestas ahora enfrente, ayudaron a mejorar la visión de los más pequeños. Pero cuando el muchacho salió con su smoking negro durante la primera prueba, no había hablado mucho y se congeló el CD. Lo que grabó en Atlapa su hermano Icuacekiña, acompañado de la madre de ambos. A pesar de los esfuerzos, el disco digital se negó a seguir con lo grabado. 
TRAS BASTIDORES
Cuando Santiago fue seleccionado como orador estudiantil para representar a la comarca Guna Yala escogió como asesor a su profesor de Química y consejero de su salón. El profesor Samudio llegó a su casa y comentó a su esposa lo difícil que sería ganar con el chico. Habría que cambiarle desde la dicción hasta el modo de pararse. Toda su química, pues su timidez lo dominaba de pies a cabeza. “Por qué me pasa esto”. Samudio había participado el año anterior (2010) de la escogencia, pero era su primera vez como asesor. 
Semanas después, y estando ya en la capital, Santiago le confesó que deseaba dejar el concurso. “Yo extrañaba mucho a mi familia y creía que otros estudiantes de la región podían hacer mejor papel”. El profesor lo convenció de seguir: 
“La noche de la gala, esos primeros cinco minutos serán los más importantes de tu vida, tienes que esforzarte y luchar por eso”. 
Faltaba poco para el evento. Por eso ahora el orador guna es un ejemplo de superación.
En la habitación de una de las dúplex facilitada por la ACP en Balboa a los concursantes, ambos —profesor y estudiante— ensayaban en voz baja en cada tiempo libre. Santiago además repasaba sus textos cuando iba en el bus junto a los otros concursantes. El profesor sostiene que le costó mucho aprender a usar la computadora portátil que él como asesor llevó para bajar información y datos, pero el muchacho puso todo su empeño en seguir sus consejos al pie de la letra. 
¿Cuando eras niño pensaste ser orador? –No, yo quería ser un gran jugador de baloncesto y llevar a mi isla a ganar un campeonato en Cartí (sector en tierra firme que es entrada a la comarca). ¿Y por qué entraste al concurso? –Yo quería ganar experiencia para poder predicar como lo hacen en la iglesia cristiana donde voy. Quería perder el miedo de hablar en público. Mi pastor me dio consejos también y que tuviera fe.
Y es que Santiago, desde hace años, lidera a niños y niñas de Ailitupu, de entre 10 y 12 años, para que se mantengan en la fe. Esto también lo hace una de sus hermanas, de 21 años, que orienta a adolescentes. 
Ahora la gente de Narganá y de otras islas le piden autógrafos, o que se tome fotos con ellos. No obstante, aunque su vida cambió, sigue apoyando a su pastor y hasta le permiten hablar en los cultos. ¿Ya no tienes miedo? Sonríe tímido. —Bueno, no sé. ¿Qué harás, estudiarás medicina? –Sí, quiero ir a Cuba a eso. 
SEGUIR ADELANTE
Es una meta que a su madre la hace feliz, e igualmente le produce tristeza. A sus 42 años Sonia Vásquez recuerda que él desde pequeño siempre le hablaba que no iba a estar pegado a ella, que iba a salir adelante, aunque para eso hay que dejar el hogar. Para lograrlo, todo lo que ganó en el concurso la familia decidió no tocarlo, a bien de que lo invierta en sus estudios universitarios, dice. La mujer hablaba en dialecto casi sin gestos, amamantando en su regazo a la hija más pequeña. El dinero por el auto Peugeot que le dieron, valorado en más de 30 mil dólares, servirá también para lograr esa meta. Sonia pensó que su hijo no ganaría aquella noche, cuando lo veía desde el público en Atlapa, por ser indígena, dijo. Luego que lo anunciaron ganador se llenó de felicidad, las cámaras captaron abrazándolo y llorando. Santiago había logrado hacer sentir su voz, con el espíritu natural de un nuevo líder que desea ayudar a su pueblo. Así entiende ella el camino que debe seguir. 
NUEVOS DÍAS
Mimmi, la mu (abuela) de Santiago, rememora claramente aquella noche en la que toda la comunidad estaba en la cancha frente al televisor, pendiente del concurso con los nervios de punta, viendo al nieto. Ese mismo que recibió como partera del pueblo y que vio crecer hasta conquistar el país como orador. La mu ríe, es conversona, no habla español. Sus padres y ella fueron de los primeros en llegar desde tierra firme a la “Isla de los Manglares”, eso significa Alititupu, responde. Ella era una niña y no recuerda hace cuánto fue que llegaron allí, pues en su cédula le pusieron fecha de nacimiento de casi 100 años: Mimmi García Inanidiguiña, 28 de agosto de 1917. Pero asegura que tiene menos y su vitalidad dice lo mismo. 
Ailitupu, la isla natal de Santiago, la cual cabría casi tres veces en la cuadratura del parque Urracá de la capital, es eso, una islita en la comarca en la que las promesas de los gobiernos se las lleva el viento, replica con autoridad Belisario Hernández. Su rostro bajo un sombrero de paja se revelaba tenue por la pobre luz tribal de la noche después del homenaje a su héroe. Piel café, pies descalzos, el hombre de 58 años sonríe, una maestra traduce: “Santiago es un orgullo, tenemos esperanza de que su ejemplo, que ha germinado en los otros niños y jóvenes, ayude en el futuro a la isla”. Luego se acongoja, a la pequeña isla, incluso a la escuelita donde estudió Santiago, no le toca beneficio alguno, sino a Narganá...
En Ailitupu, una de las islas más lejanas de la comarca y quizás la más olvidada, solo queda la esperanza en su población de 291 personas, la mayoría infantes y adolescentes. Esos mismos que con ilusión miraban a Chucky. Allí no hay ni centro de salud, solo tienen la pequeña escuelita multigrados y la iglesia cristiana, donde hoy los pequeños, a pie pelao, juegan a ser oradores.


Tema relacionado: Una lucha por la superación y la identidad cultural

Publicado en el diario La Estrella de Panamá, el domingo 29 de enero de 2012. Trabajo ganador del Concurso de Periodismo Fernando Eleta Casanova que organiza el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP), categoría Preservación del Patrimonio Cultural, Prensa Escrita. La premiación se realizó la noche del pasado jueves 20 de junio de 2013, en el auditorio del Instituto Smithsonian, Panamá. 



 

Una lucha por la superación y la identidad cultural


En los años de la construcción del Canal de Panamá, a principios del siglo pasado, Américo Vespucio caminó desde Guna Yala hasta la capital a buscar trabajo en la obra. Los encargados lo rechazaron por ser menor de edad, pero aquello no lo detuvo en su propósito y consiguió cambiar su acta de nacimiento para tener 18 años.
Y eso no fue lo único. Los letrados de Cedulación no entendían su verdadero nombre indígena ‘Olo...’ y mucho menos sabían escribirlo por ser demasiado largo, así que decidieron ponerle ‘Américo Vespucio’, como el navegante italiano por cuyo nombre se identificó al nuevo continente: América.

Kalinga Vespucio, una de las maestras de Ailitupu y nieta de Américo (Olo), cuenta que desde otrora ese ha sido uno de los grandes obstáculos de los nacidos en Guna Yala: La falta de entendimiento de su cultura y el desconocimiento del dialecto de ellos, paralelo a lo difícil que les resulta el idioma español. Esto es lo que ha causado que los niños y adolescentes de su pueblo fracasen en sus estudios cuando van a la capital. Ella y su compañera, Rita Montero, explicaron que sin embargo en la actualidad hay avances. Gracias al Congreso Guna Yala (líderes locales) y los miembros del grupo Educación Intercultural Bilingüe de la comarca, se ha logrado hacer entender esta barrera del lenguaje a las autoridades. Por ello, el Ministerio de Educación ahora incluye la enseñanza de los dos abecedarios en las escuelas de las islas, el guna y el español, y sus diferencias; a la vez que en la capital, los docentes están claros de por qué los estudiantes de esta región no logran pronunciar las consonantes fuertes del español.
El dialecto guna solo tiene las letras: A, B, D, E, G, I, L, M, N, O, R, S, U, W, Y, explica la maestra. De tal modo que para decir ‘cheque’, pronuncian ‘seque’. Se ha logrado cambiar, por ejemplo, que se llame a la comarca Guna Yala, y no ‘Kuna Yala’, mal escrito por los waga (latinos, capitalinos). Guna Yala es: El pueblo y sus montañas, el indígena en su tierra. 

Lea la historia completa: Santiago Gallardo, el renacer de la esperanza en Ailitupu


 

jueves, 13 de junio de 2013

LA TRANSFORMACIÓN DE LA BARBIE

Por Luis Alberto González González
Tacones rojos, trajes de seda escotados, carmín y una peluca de mujer sobre su cabeza rapada presagiaban que alguien iba a morir. Así se disfrazaba Eric Batista. Así transportaba la guadaña en un taxi para ejecutar a sus víctimas. ¡Vayan y no demoren! ¡Aquí los espero! Podía ser en Panamá u otro país como México, el resultado era siempre el mismo: ¡Listo pues! ¡Arranque Barbie que le va a crecer la barba!
Esa vida oscura quedó en el pasado. Ahora, a sus 43 años, este hombre de piel morena rescata a miembros de pandillas para reintegrarlos a la sociedad. Esto hace desde su conversión en la cárcel La Joya.
La primera vez que lo vi para entrevistarlo, en medio de sus confesiones, paró de hablar y se le aguaron los ojos. En su mente, como un rayo cruzó el recuerdo incontenible de su hijo fallecido. Era jueves. Estábamos sentados entre comensales en un café de la Plaza Edison, en la vía Tumba Muerto de la metrópolis panameña, cerca de su trabajo. No pudimos seguir, suspendimos la charla hasta otro día.
El domingo siguiente llegó puntual a nuestro encuentro en la esquina del supermercado El Machetazo, en Calidonia. Tras el saludo caminó hasta un almacén de artículos cercano. Yo le seguí pensando en los riesgos. Los empleados lo reconocieron con sonrisas, habló con la que ha sido su madre postiza y en un minuto salió para seguir a pie hasta Curundú, uno de los guetos citadinos en el que solo sus residentes se atreven a entrar.
En el camino Batista retiró ropa planchada en un local de chinitos.
Mañana lunes entro más temprano a trabajar - sonrió. Luego se apuró cruzando la avenida Nacional y pronto dejamos atrás el viejo estadio Juan Demóstenes Arosemena.
Aparecieron ante nuestros ojos los edificios blancos con verde del proyecto de renovación de Curundú. Los edificios ya se elevaban como legos nuevos que no encajaban entre las barracas de madera añeja -originales de la época en que se construyó el Canal- y las corroídas estructuras multifamiliares construidas en la época en que Panamá soñaba con los rascacielos.
Batista giró entonces a la izquierda, hacia la entrada de la estación de la Policía, sin detenerse entre los saludos de las unidades policiales.
¡El mayor ya está allá! -le voceó uno apostado en la calle al verlo ir hacia la entrada.
¡Ya empezaron! –asintió él enseguida, desviando la caminata otra vez hacia la calle. –Vamos pa’llá -me dijo.
A escasos 500 metros lo esperaba un escenario de reales ilusiones. Notas musicales desde enormes bocinas daban ambiente a los anhelos de chicos y grandes.
¡Belén! Campanas de Belén, que los ángeles tocan qué nuevas me traéis...
¡Varón de Dios! -le gritó un viejo desde la acera. Otros hombres hicieron lo mismo en la cadena de saludos mientras caminaba.
¡Bendiciones! -respondía alzando la mano.
Ya en la barraca de Patio Rochet, allí mismo en la calle donde tres meses antes había sido asesinado un adolescente por disparos desde un vehículo en marcha, señoras con nenes en brazos, o dando pecho, ancianos y chiquillos corriendo por todos lados, departían con los policías de manera tan inusual, que parecía la realización de un cuento de hadas. Muchos formaban filas para recibir comida, juguetes, ropa y zapatos.
Y curiosamente en aquel cuadro también se habían unido los miembros de la parroquia católica Santa Marta con los de una congregación evangélica del sector, quienes entregaban las bolsas navideñas junto a los uniformados.
Varios pandilleros y jóvenes que dejaron las armas se pararon en las aceras como mirones y cuando tomaron confianza empezaron a mezclarse entre la gente y los “policías Santa”, bajo el mando del mayor Raymundo Barroso.
Barroso estrechó manos a Batista. El exbarbie, desmaquillado, se unió de inmediato a la labor de ayuda.
¿Pero alguien con un pasado torcido puede enderezar su camino para dar buenos frutos en el presente?
En Curundú estamos logrando que disminuya la delincuencia – me dijo el mayor. Sabemos que no todos van a cambiar solos, por eso hombres como Eric Batista son la nueva fuerza que está mediando con esa parte, con los líderes de grupos delictivos, para que dejen esa vida, así lo hacen otros.
El objetivo de la actividad dominical era dar una cara alegre a unas 150 personas, incluidos unos 60 niños y niñas, quienes por su pobreza quizás no tendrían nada para Navidad. La Policía, según Barroso, buscaba con esto mirar la situación de pobreza en la comunidad, intentando darles algo de alegría y esperanza.
Batista endereza su camino hace años. Se entregó a una vida nueva como evangelista en 2003, mientras cumplía una condena de cinco años por secuestrar a una mujer con la que tuvo un romance y quien se había aliado a un grupo enemigo.
En la cárcel La Joya, las celdas abarrotadas de cuerpos humanos pagando sus delitos son como mazmorras en las que únicamente cabe el derecho a sufrir y a reflexionar. Así encontró la luz.
Se reflexiona mucho de lo malo que uno hizo y lo que no hizo. Yo pensaba mucho en mi hijo, mi mamá. Así a la ve’ uno sufre.
Allí fue que un día escuchó a los evangélicos predicar y sintió esa iluminación que la mayoría de los privados de libertad dice que es el llamado de Dios. Supo que podía de esa manera reparar el daño que hizo a otros.
Consiguió una Biblia y se empeñó en leerla hasta de madrugada. Empezó a orar, a predicar en las celdas y pabellones, sin temor a que hubiese enemigos. Le apodaron El Predicador. Al ser liberado comenzó su labor de hormiga para crear un Movimiento Antipandillas para sacar a jóvenes de la delincuencia, realizando jornadas para convencerlos de dejar las armas. Con el tiempo, su transformación lo ha llevado a dar charlas en las cárceles y barrios rojos panameños y de otros países como Honduras, donde ha sido invitado por las autoridades. Además labora como promotor juvenil del Ministerio de Desarrollo Social de Panamá, en el que es parte de la estrategia para prevenir la delincuencia.
Ese jueves en el café de Plaza Edison, antes de que se aguaran sus ojos, me había confesado parte de su pasado. Al recordar a Alecito, su único hijo, se desmorronó. Al niño lo dejó con la madre apenas con tres años.
Cuando Alexito tenía entre los 13 y 14 años empezó a cambiar su carácter porque aparentemente la relación de la mamá con su padrastro no era buena. Vivían en Arraiján, al lado oeste de la capital. Cuando el chico estudiaba en séptimo grado abandonó el colegio y fue en marzo del 2010 que lo arrestó la Policía con otros tres menores miembros de Los Bagdad, a la cual pertenecía. Tenían una metralleta que se habrían encontrado enterrada en un patio y se disponían a venderla al momento que los atraparon. Esa fue la versión en el juicio, solo la iban a vender. Después lo condenaron y llevaron al Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen.
Los Bagdad es una de las pandillas originaria del populoso barrio El Chorrillo, en el centro capitalino, donde estaba antes el Cuartel Central del general Noriega. El grupo se extiende a otros sectores humildes en el lado oeste.
Yo había hablado por celular el 8 de enero con él. Siempre lo hacía. Me dijo que no se bañaba hacía días porque no tenían agua. Y que no comía bien porque era mala la comida.
Esa conversación de padre e hijo fue la última, un día antes del incendio en 2011 en el Centro de Cumplimiento en el que se quemaron siete adolescentes de los que solo dos sobrevivieron. A pesar de ser su padre, a Batista no se le permitía visitar al hijo. Los permisos de visita estaban consignados solo a la madre y al padrastro.
El domingo 9 de enero, el día de la tragedia, estando en su apartamento en Curundú, veía en la televisión las imágenes de lo que pasó en el Centro de Menores.
Las imágenes de última hora mostraban a varios policías mirando la ventana de una celda de la cual salían llamas y se oía a los chicos gritar para que los dejaran salir. También, mostraban escenas de ellos caminando quemados hacia una ambulancia.
¿Ese no es tu hijo?– le preguntó alguien.
Él le contestó bromeando:
¡Deja el relajo, mi hijo no está ahí!
Pero mirando bien se convenció que sí, sí era Alex y salió corriendo al Hospital Santo Tomás, donde habían recluido a los chicos. Su insistencia para entrar a verlo fue en vano, no lo dejaron pasar por la distancia que la ley le exigía que guardara con la madre.
¿No crees que tu vida en el pasado afectó a tu hijo?
Mi hijo nunca me vio ni siquiera fumando, drogado o borracho – dijo con una leve sonrisa, sin ser consciente tal vez que su ausencia física y emocional también habría marcado al niño.
Para el tiempo en el que el muchacho empezó a andar en malos pasos, a mi no me permitían verlo, me insistió dos y tres veces.
Por teléfono Alecito le manifestaba que quería ser chapistero para trabajar en un taller de enderezado y pintura de carros.
En eso estábamos yo y mi familia. Yo tenía unos ahorros y pensábamos ponerle un taller por Las Cumbres. Le faltaban pocos días para salir libre.
La vida y transformación de este hombre aún me planteaban dudas.
¿No tienes miedo a alguna venganza?
No. Una vez, hace años, un miembro de un grupo rival que yo tuve me sacó un arma en Albrook. Yo lo bendije y no me creía. Hablé con él, le oré poniendo mis manos y terminó entregándose al Señor. También me pasó que siete de once enemigos que una vez me secuestraron en el Puente Rojo de Samaria, en San Miguelito, me pidieron perdón y se convirtieron. Del resto no sé qué final tuvieron.
¿Qué te hicieron?
Me amordazaron, me golpearon y balearon en una pierna. La gracia de Dios fue la que me salvó, me dejaron tirado en una zanja. Estuve cuatro meses en el hospital.
¿Cuál es tu experiencia más difícil trabajando con jóvenes de pandillas?
Su respuesta le salió fría:
Que alguna gente de esta sociedad no crea en la juventud y lo que uno hace. Quizás no creen que las personas podemos cambiar. Eso es lo más duro.
Ciertamente durante la repartición navideña pude observar algo de ese cambio. Cinco jóvenes, de brazos tatuados, llevaron a Eric Batista por un callejón lodoso detrás una barraca.
Acento de barrio y gestos ceñidos como si estuviera enfurecido:
¡Queremo’ que alguien nos ayude a tené una canchita ahí! - replicó el líder. Señalaba el piso que quedó de una vieja estructura incendiada, donde apenas cabrían paralelos tres autos sedán.
Los pelaos y niño’ no tienen donde jugá, por eso se meten a lo malo. Queremo’ aunque sea ayuda pa’ una liguita de fut’- pidió otro.
Batista tomó los datos hablándoles sobre los compromisos que debían cumplir para lograr el apoyo. Uno de los jóvenes incluso confió dar su número telefónico para coordinar las acciones. Entonces salieron otra vez a la calle, con rostros animados, de vuelta a la entrega de obsequios.
Más tarde todo terminó. Las personas se iban retirando con sus bolsas, reían con el payaso anfitrión, cantaban con el coro infantil de duendecillos y abrazaban a un Santa sin trineo. Parecía una ilusión. Otros se quedaron a recoger la basura con los policías.
Vamos a mi casa, a saludar a mi mamá - me invitó Batista.
Caminamos cinco minutos y llegamos a un edificio de paredes grafiteadas, en las que el sucio se impuso a lo que alguna vez fue pintura verde, y en cuyos pasillos oscuros pueden sentirse ojos ocultos tras ventanas o puertas.
La visita fue rápida porque Batista iba a un culto en Pueblo Nuevo. Su madre padece de cáncer de colon y estaba en un sillón. Sonrió al verlo. Me la presentó, igual que a sus hermanas. Él le dio un beso a la señora, solo había subido a eso y a dejar la ropa planchada.
-¡Cuídate Eric!
-No te preocupes mamá.
Bajamos las escaleras en carrera en busca de un taxi.
-Otro día te voy a llevá a ver lo que hago. Donde hay pandilleros, matones, vendedores de coca. ¡Esos manes cómo me respetan! –Se emociona–. Muchos ya se han convertido y los otros lo van hacer.
El hombre no para de hablar de su nueva misión. Una tarea abismal en la que tampoco cabe el miedo. Habla como los niños con juguete nuevo. Yo, mientras tanto, busco en sus gestos, movimientos, palabras, algo que haya sobrevivido de la Barbie. Porque aunque soy de los que cree en Dios, me sigo preguntando de dónde salieron los habitantes de la Tierra después que Caín mató a Abel y fue desterrado. Caminar apurado, por donde yo solo no lo haría, me hizo sentir que hay esperanzas. Después de todo: ¿Acaso no fue a Caín a quien el Creador le dio una nueva oportunidad en este mundo?

La Transformación de la Barbie es parte de los trabajos de periodistas de varios países publicados en el libro: Crónicas con luz en el fondo (2012), restaurando el roto espejo de la memoria.


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